– ! Mami !–
– ¿ Sí, hijo? –
– Má; ¿ con qué voz les llega a los abuelos mi carta? –
En el acto entendí a que te referías, pero por esa costumbre que tenemos los mayores ante las preguntas de los chicos, te pedí me la repitieras.
– ¿... qué voz escuchan los abuelos cuando leen mi carta? –
Y yo que estuve tan alegre y casi-casi ni por una vez en todo el día había recordado a tus abuelos en Argentina, sentí que las lágrimas venían rápido a los ojos y algo en la garganta me apretaba.
Te contesté con seguridad; – con tu voz, Nicolás. Los abuelos cuando leen tus cartas, dictadas por vos, escritas por mamá escuchan no tán sólo tu voz sino que hasta te oyen reír.
... y a veces, cuando las tardecitas son demasiado silenciosas, te oyen llamándolos... y, -tontos abuelos-
levantan la cabeza, te buscan por todos lados y temiendo alguien se burle de ellos, vuelven; a su tejido la abuela; a su quinta el abuelo.
Tontos abuelos que con tus cartas llegan a sentir tus tibias manitos alrededor de su cuello y cuando nadie los ve, besan el aire imaginando tus mejillas. Y cuando sienten tu llanto, a once mil kilómetros de distancia, acrecienta su dolor el no poder alzarte, mimarte y castigar a quién provocó tus lágrimas.
– ¡Ah, ya me parecía!, porque cuando ellos me escriben y vos me leés su carta yo escucho la voz de los abuelos. Huelo el perfume de la abuela... veo al abuelo, chistoso...–
Nos reímos los dos y ello sirvió para transformar la melancolía en alegría.
–... pero no todas las cartas llegan con la voz de quien las escribe. Sólo las que encierran un amor tan grande como el de ustedes que al leerlas se les escapa el sentimiento de las líneas, penetra en los oídos, brinda la imagen y refresca tu alma
Sólo ustedes tres pueden acercar dos continentes por medio de una carta.
Año 1990
Como abuela con nietos a la distancia me reconocí en algunas de estas experiencias...hermoso Lucy!
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